Donald Trump: Entre la Portada de TIME y la Tensión Global este 15 de octubre de 2025

Donald Trump vuelve a ser el centro de la atención, tanto por sus esfuerzos de paz en Oriente Medio como por sus habituales choques con la prensa. Mientras la revista Time celebra su rol en un acuerdo clave para Gaza, las acusaciones de Irán y sus batallas legales con medios de comunicación definen una figura política que no deja a nadie indiferente.

El panorama político y mediático que rodea a Donald Trump sigue siendo tan dinámico como controvertido. En esta semana de octubre de 2025, el expresidente, y actual figura prominente, se encuentra bajo los focos por una dualidad que subraya su impacto: sus supuestos esfuerzos por la paz en una de las regiones más volátiles del mundo chocan con una prolongada y costosa confrontación con los medios de comunicación.

La Diplomacia de Trump: ¿Paz o Contradicción?

La revista Time ha dedicado su última portada a Donald Trump, destacando su papel en el plan de paz para la Franja de Gaza. El influyente medio elogia su mediación en el conflicto entre Israel y Hamás, afirmando que el acuerdo –que incluyó la liberación de rehenes israelíes y el cese al fuego– podría ser un "punto de inflexión estratégico" para el futuro de Oriente Medio. El artículo de Time incluso sugería que este logro podría marcar un hito en un hipotético segundo mandato de Trump, cumpliendo promesas de detener la guerra y facilitar la reconstrucción de Gaza.

Sin embargo, no todos comparten esta visión optimista. La República Islámica de Irán, a través de su canciller Abás Araqchí, ha cuestionado vehementemente la postura pacifista de Trump. Araqchí señaló que las "expresiones de paz" del mandatario estadounidense, realizadas recientemente en Sharm El Sheijk y ante el Parlamento israelí, no reflejan la realidad de la "hostilidad estadounidense" hacia el pueblo iraní.

El ministro iraní fue categórico: "El señor Trump puede ser un presidente de la Paz o un presidente de la Guerra, pero no puede ser ambos al mismo tiempo". Hizo referencia a la "guerra de los 12 días" de junio, donde ataques de Estados Unidos e Israel contra instalaciones nucleares iraníes causaron más de 1.000 muertes, incluyendo civiles. Irán respondió con lanzamientos de misiles y drones que provocaron una treintena de bajas en territorio israelí. La implicación de Estados Unidos en esos bombardeos y las sanciones impuestas contradicen, según Teherán, cualquier llamado a la negociación o a la paz, tildándolos de "acciones hostiles y criminales". Trump, por su parte, afirmó estar "listo para la paz" cuando los iraníes lo estuvieran, mencionando que "encajaron un gran golpe", refiriéndose a los ataques conjuntos.

La Foto Polémica y el Costo de la Guerra Mediática

Más allá de la geopolítica, Donald Trump volvió a generar titulares por su relación, a menudo tempestuosa, con la prensa. Aunque el artículo de Time fue de su agrado, la fotografía de portada generó su descontento. Trump la calificó como "la peor de todos los tiempos", quejándose de que le "borraron" el cabello y le pusieron "algo flotando sobre mi cabeza que parecía una corona, pero extremadamente pequeña".

Este incidente, aparentemente menor, es un síntoma de una confrontación más profunda y costosa que ha marcado la trayectoria política de Trump. Desde su primera campaña, ha calificado a los medios críticos como fuentes de "noticias falsas" (fake news) y a los periodistas como "enemigos del pueblo estadounidense", un discurso que cala hondo entre sus seguidores.

Sus batallas legales contra la prensa han sido notables. En el pasado, Trump demandó a diarios como The New York Times y The Washington Post por difamación, acusándolos de conspirar en su contra o de vincularlo a injerencias rusas en las elecciones, aunque la mayoría de estos casos fueron desestimados por la justicia estadounidense. Más recientemente, en 2022, exigió 475 millones de dólares a CNN por usar el término "gran mentira" para referirse a sus acusaciones de fraude electoral, demanda que también perdió en 2023.

En la actualidad, las demandas siguen activas y con cifras elevadas. En julio, denunció a The Wall Street Journal y a su propietaria, Dow Jones, exigiendo 10.000 millones de dólares por una nota sobre un presunto dibujo obsceno enviado a Jeffrey Epstein. En septiembre, volvió a arremeter contra The New York Times y varios de sus periodistas, solicitando 15.000 millones de dólares por supuestamente intentar socavar su campaña presidencial de 2024; esta última demanda fue rechazada por una corte federal, pidiendo su reformulación.

El pulso con los medios también alcanzó a figuras del entretenimiento. Los programas de late show de Jimmy Kimmel (ABC) y Stephen Colbert (CBS) fueron suspendidos temporalmente tras sendas demandas de Trump, que derivaron en acuerdos judiciales millonarios. Paramount, propietaria de CBS, habría pagado 16 millones de dólares a la Biblioteca Presidencial para que Trump desistiera de su demanda contra CBS y Colbert, a quien acusaba de favorecer a Kamala Harris. ABC, por su parte, habría desembolsado 15 millones de dólares para resolver una demanda directa contra Kimmel. Aunque ambos presentadores han regresado, el show de Colbert cerrará definitivamente en 2026, lo que Trump calificó como una victoria por "baja audiencia".

La Mirada Contable: Costos y Estrategia

Desde una perspectiva empresarial, la relación de Donald Trump con los medios es un claro ejemplo de cómo las disputas pueden generar altos costos y moldear estrategias. Las demandas multimillonarias, aunque muchas sean desestimadas, implican significativos gastos legales para todas las partes. Para Trump, es una herramienta para controlar la narrativa y presionar a sus adversarios, aunque no sin un coste considerable para su propio equipo legal y potencialmente para sus finanzas.

Para las empresas mediáticas, los acuerdos extrajudiciales (16 millones de dólares para Paramount, 15 millones para ABC) representan una mitigación de riesgo. Si bien son cifras sustanciales, pueden ser preferibles a litigios prolongados que arrastran costos legales aún mayores, dañan la reputación y desvían recursos. Se convierten en un "costo de hacer negocios" en un entorno donde la cobertura de figuras como Trump es de alto engagement, pero también de alto riesgo. La liquidez y los márgenes de operación de estas corporaciones pueden verse directamente afectados por estas transacciones. Los incentivos son claros: para Trump, presionar hasta el punto de obtener concesiones; para los medios, proteger su capital y minimizar la incertidumbre legal. La combativa postura de su secretaria de prensa, Karoline Leavitt, quien llegó a afirmar "Nos reservamos el derecho a decidir quién entra en el Despacho Oval", demuestra una estrategia de control de acceso y mensaje que, aunque polémica, busca optimizar la "imagen de marca" del gobierno frente a un público específico.

En definitiva, ya sea en el tablero geopolítico o en la batalla por la narrativa mediática, Donald Trump continúa siendo una fuerza disruptiva, con implicaciones que van desde las complejas relaciones internacionales hasta el día a día de la libertad de prensa y los balances financieros de las grandes corporaciones.

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